Desayuno sin diamantes

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com

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Pasajeros al tren

Me voy aquí.

No me gustan los cambios si no están bien planificados. Aquí hace tiempo que estoy incómoda, pero he aguantado porque el sitio nuevo es algo diferente y complicado: no me manejo del todo. Sin embargo me lío la manta a la cabeza y anuncio que allí estaré a partir de ahora. No queda más remedio, aquí -por muchas novedades que aparezcan- me siento en el Paleozoico.

23/10/2005 18:51 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Sin temor

19oct.JPGEl suicidio pierde, lógicamente, ese halo de heroicidad y romanticismo cuando se escapa de las pantallas o del capítulo nueve o diez de un libro y te toca de cerca. Después de entonces, sientes que casi es pecado hablar de él, que incluso se llena de significado y se personaliza yo me suicidaba, no. Ya no se dice. De hecho ya no lo oyes. Y si se te pasa por la mente lo borras corriendo como si borraras el nombre del demonio. Y se te ocurren cosas varias para acabar con ese mal sentir que te hace desembocar en tal idea marchita, pero tremenda como la copa de un pino ¿por eso los plantan en los cementerios?.
Yo me doy una ducha fría que además es reconstituyente o escucho la música tan alta que parece que esté yo dentro de una guitarra o saco mis armas y limpio la casa con bioalcohol -se puede ser capaz de descubrir mi estado de ánimo fijándose en el nivel de brillo de los cristales- o lo último, recién probado además para asegurar los resultados: me lavo el pelo, me peino, me hago una coleta, me pongo boca abajo, cojo unas tijeras y, audazmente, me corto lo que me parece.

Escondida

escondida.JPGPese a que debería estar ilusionada por aquello de empezar un nuevo curso y sobre todo si pretendo estudiar el temario de historia, nada de nada. Estoy desganada, pero prefiero no darle muchas vueltas intentando buscar una excusa, puesto que yo soy siempre la excusa, mi excusa, para sentirme así. No hay modo de levantarme la moral. No se me ocurre qué más hacer y me empiezo a cansar de sentirme sola en estos casos porque sí, puedo conmigo misma y adelante otra vez, pero mientras me dura me deshago y me deshago sola y luego me hago.(pero cuesta bastante).
El caso es que hoy no me apetece leer mi parte programada del libro, ni estudiar, ni rellenar formularios, ni nada de nada. Hoy, aparte de haber soñado que a mi perro le faltaba una oreja y que una tarde polvorienta yo descubría un par de sarcófagos egipcios y tenía que batirme con una serpiente enorme, sólo me apetece para comer un postre de café del día (el supermercado).

A mí no me perdonaste cosas que perdonas a los demás

Fin de semana rápido. Un par de cenas fuera que han acabado de poner a prueba mi vestuario de entretiempo. Mucho sueño, que aún no he consumido. Dos películas porque no puedo conmigo y tremendas ganas de que pasen dos años o de cambiar de ciudad, de peinado o de cabeza, como la bruja de El Mago de Oz.
Se repite la música que antes me gustaba, se repiten los días, la comida, la ropa, los zapatos, los libros, los olores, las risas. Todo. Y sólo quiero ir a perderme contigo o contigo o conmigo, pero perderme. Y beber zumo en algún patio de Tarifa, donde no pueda abrir los ojos o el olor del incienso quemado me deje dormir tranquila.

Estoy esperando. Estoy esperando porque no puedo conmigo pero me niego a agachar la cabeza. Tremenda semana de puesta en marcha me espera.

Novios III

Baraja, ésta es la última:

Misma iglesia donde se casó mi prima, mismos invitados, salvo excepciones, mismo ambiente, misma yo -o casi-. Hacía más viento, sólo eso.
Los novios y yo, compañeros de clase. Ella (siendo a la vez mi prima) tuvo un novio de toda la vida, luego pasó algo y apareció haciendo la compra con el chico de la primera banca. Es curioso. Divertido cambio. Nunca lo habríamos imaginado. Ni siquiera ellos.

Estoy totalmente nerviosa mientras intentaba salir del coche y todos hacíamos fotos. De pronto su cara se vuelve tan colorada que parece reflejada de la corbata de él. Él, mucho más guapo que cuando lo conocimos, más simpático, más encantador. Parece que se casara cada sábado.

Sin duda hay algo peor que ir a una boda: es ir sola a una boda. Enfrentarte a tanta felicidad a dobles y yo sin anécdotas de pareja que contar. Y luego ellos, los amigos, los antiguos compañeros de clase, todos juntos y yo, que también lo fui, por libre. Es como chocarse de frente con el pasado, que actúa como una pared de metacrilato, desde donde lo ves todo pero desde donde no ven los demás nada. Pienso que debería estar en mi sofá mirando el catálogo de ikea.

Mi prima que acaba de llegar de Punta Cana, me explica como son allí las palmeras, y los desayunos, y el sonido del mar y yo, definitivamente me voy a ver el catálogo de ikea.

De vuelta, un par de semáforos en rojo, un coche con un hombre en el carril de la derecha. Nos miramos. Le digo hola con la boca cerrada justo cuando se agacha a apagar el cigarrillo. Y suena mi oxigene de Jean Michel Jarre y es como un reloj que golpea los minutos, y donde es uno suenan dos. Todo el doble de rápido.

Envidia insana a tope, pero además, para colmo de males, a las cinco de la mañana me llevé mi merecido: acabé vomitando, sin poder dormir/descansar y viendo "Extraños en un tren", no me preguntes por qué.

Novios II

5sept.jpgSiguiente,
baraja y corta por donde quieras:

Fer, bien afeitado y ella, muy callada, como nunca. Llevan tantos años juntos que el encabezado de la invitación rezaba Por fin nos casamos, con la consiguiente risa de cualquiera que, conociéndolos, la leyera.

Se llevan los vestidos de novia flamencos, los pétalos de rosa lanzados junto al arroz, los niños que llevan los anillos escondiéndose por las iglesias y las novias pequeñas, manejables, para que, cogidas en brazos, lleguen con soltura a las figuritas de la tarta.

Un calor sofocante, una celebración en una iglesia al otro lado de la ciudad, un partido de fútbol que hizo que la mayoría cambiara el "sí, quiero" por las camisetas rojas sobre el césped en una cervecería cercana y una cena en un patio de un cortijo, con canciones de Bee Gees, Bryan Adams y Mariah Carey, fue lo más destacado.

Los amigos de los novios mucho más gritones que los de la semana pasada, menos flores, menos encanto y menos tías (ninguna: ni cercanas ni lejanas), con mi alegre liberación de la pregunta: ¿y tú qué?.

Sin embargo, esta vez: envidia cero. Estoy sanada.

Novios I

Baraja y corta por donde quieras:

Mi prima enfundada en un vestido flamenco y un abanico grande. Demasiado calor para las nueve y media de la noche, demasiada gente y poco aire. Más abanicos y castañuelas, otra prima canta un ave maría, un aleluya y otras más, todas rocieras, con guitarras y algunas faldas de volantes.

Cena en un castillo medieval, atravesando pasadizos iluminados con velas y adornados olorosamente con jazmines y ramilletes de mastranto. Al fondo, pianista con pajarita a sueldo.

Tan pronto como miras alrededor, las mujeres luchan por llevar el vestido más espectacular y los hombres por perder de vista la corbata. Yo, por pasar haciendo mutis y algunas tías, que casi ni conozco, por saberlo todo de los demás.

Es cierto, las bodas son más cortas de lo que me parecían de pequeña y los novios (la pareja) siempre más guapos que entonces.

Envidia sana (o sin sanar, aún no lo tengo claro) número uno.

Guárdame, otra vez, una de tus cajas de cigarrillos

Todo es un revoltijo de silencios que saben a panache y a noches sobre la hierba y a finales del mundo en calma, como si fuera la costumbre, aunque sea, sin remedio, lo contrario.
La última vez que me gustó un verano fue el siglo pasado (y bien pasado), y nadie lo recuerda, ya ni siquiera yo. Prometo no hacer ruido, pero no aseguro el que no me vaya a mover de la silla, por si acaso.

Habrá una fórmula para calcular diferencias, y espero no encontrarla.

Que nadie se entere de que te echo de menos

En un año da tiempo de hacer muchas cosas o muy pocas. En un año se puede cambiar mucho o muy poco. Según se quiera. En tantos años no cambiamos nada, unos cuatro, no? Sin embargo ahora: fíjate, no es que no nos reconozcamos, es que ni siquiera ya nos conocemos.

Stop

Me aburro más que nunca pese a no tener tiempo de aburrirme. Me paso el día corriendo para llegar a los sitios, me paso las tardes asfixiada de calor con tal de llegar a tiempo para explicarle a niños de once años quiénes eran los pueblos bárbaros. Se me acumulan los trabajos del doctorado -y es algo que estoy temiendo- y tengo que hacerlos ya. Encima, yo que siempre llevé a rajatabla eso del tiempo y de saber el día en el que vivo, se me olvidó, por completo, el cumpleaños de vince. La primera vez desde hace once años.

Cuando tenga tiempo para mí, me aviso.

Sobre la música

Acabo de escribir el post y de perderlo.

No me entretengo más. Llego a casa al fin después de una semana trepidante. Y aún me queda más. Pero lo prometido es deuda:

Testigo recogido de: Primero de Nat y luego de Veritas. Encantada de participar, aunque espero no defraudar.

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador: Ridículo. Hace nada que lo saqué todo. Tengo un par de torres de cd’s aquí al lado y puedo escuchar lo que quiera.

Último disco que me compré: “Pájaros en la cabeza” de Amaral, para Vince y para mí. Solemos regalarnos un cd que significa algo para nosotros, cada vez (cada siglo) que nos vemos. También “Mi sangre” de Juanes. Uno recopilatorio de Linkin Park para mi hermano, que fue su cumpleaños hace una semana, y uno de HIM para mi hermana, que cumple años mañana.

Canción que estoy escuchando ahora: Una triste historia en un rap francés de Mc Solaar titulado La belle et le bad boy.

5 canciones que escucho a menudo o que tienen algún significado para mi:

* Far, far away de Slade. Porque suena genial en la carretera.

* Cualquiera de ellos. Especialmente de este disco. Si es
these days o
It's hard... tanto mejor.

* Hurricane. Pese a que no la cantó el día que conocí a Dylan (lo cual habría sido bestial).

* Ma place dans le traffic de Francis Cabrel. Y todas las demás, naturalmente.

* I surrender en la voz de Joe Lynn Turner (y permitidme no buscar más enlaces) de Rainbow o la genial In the still of the night de David Coverdale, en el disco 1987 de Whitesnake, que todos debiéramos tener.

Definitivamente, no puedo elegir sólo cinco canciones, ¿se nota?

5 personas a las que le paso el testigo:
Si les apetece, podrían ser: M H, chicomalo, Soul P, y las chicas: Ishtar y mad

La ventana indiscreta

30abril.JPGLlegada esta parte del año en la que las ventanas se abren inconmensurablemente más de lo habitual, enseñando sus adentros a todo aquel dispuesto a mirar –y a mí me encanta-, que permiten entretenerte recorriendo el armario abierto de la madre soltera, el salón de los recién llegados hippies al barrio, con el perro y el gato. Y la habitación de los hijos del fotógrafo, toda revuelta y con las cortinas rasgadas. Y ese piso de estudiantes con fiestas cada dos o tres noches...

Llegada esta parte del año, siento la necesidad de verla otra vez, porque suelo situar las películas según estados de ánimo o fechas concretas (o casi concretas) y en estas noches en las que el calor empieza a golpear los cristales de la ventana, se me hace imprescindible volverla a ver. Es una de mis favoritas. Y hay un fragmento especialmente divertido, en el que Jeff (mi James Stewart preferido) habla con la enfermera, mientras ésta le da su masaje:

Jeff: Vamos allá, una semana más... Tiene razón, creo que habrá problemas en este apartamento.
Stella: Ya se lo he dicho.
Jeff: Oh!, ¿no puede calentar eso?
Stella: Activa la circulación de la sangre!
Jeff: Comprendo...
Stella: ¿Cuál es el problema?
Jeff: Lisa Fremont.
Stella: ¿Bromea? Es una joven hermosa y usted es un joven bastante saludable.
Jeff: Espera a que me case con ella.
Stella: Es normal.
Jeff: Pero yo no quiero.
Stella: No es normal.
Jeff: No estoy preparado para el matrimonio.
Stella: Todos los hombres lo están, cuando conocen a la chica adecuada y Lisa Fremont lo es para cualquiera con dos dedos de frente y que no esté ciego.
Jeff: Mmm..., ella es perfecta.
Stella: ¿Se han peleado?
Jeff: No.
Stella: ¿Tiene el padre la escopeta preparada?
Jeff: Por favor, Stella.
Stella: Ya ha pasado otras veces, algunos de los mejores matrimonios han empezado siendo amenazados con armas.
Jeff: No es la chica ideal para mí.
Stella: Claro, sólo es perfecta.
Jeff: Demasiado perfecta, demasiado talento, demasiado hermosa, demasiado sofisticada, es demasiado todo menos lo que busco.
Stella: Eso que busca, ¿es algo que se puede comentar?
Jeff: Qué? Pero si salta a la vista! Pertenece a ese extraño y elevado ambiente de Park Avenue. Ya sabe, restaurantes caros, lujosos cócteles...
Stella: Las personas sensatas pueden ir a cualquier parte.
Jeff: ¿Puede imaginársela deambulando por el mundo con una cámara y solamente el sueldo de una semana en el banco? Si fuera una chica corriente, entonces...
Stella: ¿No piensa casarse nunca?
Jeff: Es probable que me case, pero cuando lo haga será con alguien que piense en mí y no sólo en un vestido nuevo o en langosta para cenar o en el último escándalo. Yo necesito una mujer que esté dispuesta a ir a cualquier parte y a hacer cualquier cosa y que le guste. Así que lo lógico es que se olvide de mí y que se busque a otro.
Stella: Ya me lo imagino diciendo: “Largo de mi vida, mujer perfecta, eres demasiado buena para mí!”. Mire Sr. Jefferies, no soy una mujer de estudios pero puedo decirle una cosa, cuando un hombre y una mujer se gustan el uno al otro, se unen así: paf! Como si fuera un choque entre dos trenes y no se quedan sentados analizándose continuamente.
Jeff: Hay un modo inteligente de enfocar el matrimonio...
Stella: ¿Inteligente? Nada ha causado más problemas a la raza humana que la inteligencia, arg... matrimonios modernos...
Jeff: Hemos progresado emocionalmente y...
Stella: Tonterías! Antes, conocías a alguien, te gustaba y te casabas. Ahora se leen muchos libros, se emplean palabras de cuatro sílabas y se psicoanaliza a la otra persona hasta que no se distingue entre una relación amorosa y unas oposiciones al ayuntamiento.
Jeff: Bueno, las personas tenemos diferentes niveles emocionales.
Stella: Cuando me casé con mi marido no compartíamos las mismas ideas y todavía seguimos sin compartirlas, pero no hemos dejado de amarnos ni un solo minuto.
Jeff: Eso es estupendo, ¿quiere prepararme un bocadillo, por favor?
Stella: Ahora se lo hago, y le pondré un poco de sentido común en el pan. Se ve a la legua que ella rebosa amor por usted. Acepte el consejo que voy a darle: Cásese.
Jeff: ¿Le paga mucho?
Stella: Arg...

Naturalmente, la tal Lisa Fremont es la bella Grace.

De finales sin alternativa

Sí. Que él y yo seamos hoy como seres anónimos, el uno del otro, sí ha tenido cierta relevancia en los días (meses) que han seguido. Aparte del lógico cambio de agendas rutinarias.
Él, que siempre ha sido el él de este desayuno ha sido un punto de inflexión –y reflexión- en general, y si no hacia bien, sin duda sí hacia mí.

El colmo o la gran gota de agua que hace que rebose todo es que, por otro lado, regrese vince, tras dos años, y llamando a la puerta como quien regresa de tomar dos copas. Y no. Una semana dándole largas. Nos vemos esta noche, con suerte, para acabar descifrando cómo hoy ya no hay nada que ver.
Se irá y empiezo a imaginar que no volveremos a vernos. Se irá también y se llevará ese trozo de París en su guantera.
Ni siquiera me apena la idea. Todo aquello se pasó y ni me importa, al fin.

Ya hace tiempo que así lo veo, ahora soy yo.

Cambio de señas

Descalza, desde mi balcón, sigo los círculos de las golondrinas y atiendo al revuelo de mi plaza de toda la vida. Demasiadas voces juntas, saludos afectuosos que se funden entre aplausos que resuenan. Fotos de rigor y el antiguo alcalde se gira y se marcha antes del despliegue. Su hijo también murió entonces, pero es otro periodista quien da nombre a mi plaza ahora.

Templadas evocaciones

01abril.jpgVersos de Ezra Pound.
Revisionado de Lolita cuando el tiempo ha borrado todo lo subjetivo y lo que queda es una realidad radicalmente distinta. Un par de cajas que guardan recortes de periódico, cuadros de Chagall, cartas alternas de Francia e Italia y números de teléfono petrificados. Todo inservible y tan válido. Aquí no se tira nada, porque cada cosa es una letra necesaria para engarzar una frase. Cualquier frase, hasta completarlo todo.
Una agenda de hace cuatro años, tan vaga en mi memoria y tan precisa conforme vuelvo las páginas. Y nombres de mujeres: Frida (Kahlo), Anaïs (Nin), Simone (de Beauvoir).

Ahí estaban las rosas,
en la lluvia.
-No las cortes- le supliqué,
-Mucho no durarán- dijo ella
-Pero están tan hermosas,
donde están-
-Bah, todos fuimos hermosos
alguna vez- dijo
y las cortó
y me las puso en la mano
.
(¿Ezra Pound o William Carlos Williams?)

Suerte

Las decisiones importantes siempre se toman al final.

Acaban de informarme.

La pecera inconfundible

Yo soy la que se iba a acostar pronto.

En los últimos cinco años he vivido más cambios que en el demás tiempo restante. Sin embargo, algunos días sufrí un estatismo extremo, como si hubiera sido extirpada con pinzas de mí misma y estuviera ahí, colgada, esperando ser examinada para volver a ser recolocada.

Esta tarde hice un resumen: modigliani, bufanda hasta las rodillas, sellos de italia, silencios entrecortados, sabor a limón, un bolígrafo negro y una tarde en las piedras. Cinco años intermitentes, como los semáforos de las afueras. Eso fuiste tú. Una noche en blanco repleta hasta el fondo de palabras.

Dobles parejas

Alguien me pide opinión sobre un libro que me haya influido en los últimos tiempos. A mí se me hace la boca agua pensando en los helados de café. A él se le pone cara de cruel esperpento cuando tiene noticias mías. A mi vecina no deja de crecerle la barriga y ya está de nueve meses y casi no entra en el ascensor. Al coche no le funciona el aire acondicionado. Y ella, ella me asegura que lo deja ahora que puede controlarlo, porque si no lo hago, me enamoraré hasta las trancas, mientras pienso qué serán esas trancas y dónde se situarán dentro del cuerpo y si las tenemos todos o sólo unos cuantos.
Me preocupa.
Lo había mantenido en secreto hasta hoy, que me ha confesado. Por lo visto él tiene pareja, lo que no ha supuesto ningún problema para estar también con ella. Y a ella tampoco es algo que le haya preocupado mucho, hasta hoy, que se ha dado cuenta de la distancia que lleva recorrida.
Me preocupa, yo ya he pasado por eso y me parece un juego extremadamente estúpido.
Pero no sé.
Por suerte las vacaciones dibujan un espléndido punto y aparte hasta dentro de casi dos semanas. Y luego regresaré evitando ser partícipe en la partida, en la mía. Porque éste también tiene pareja y no debería jugar en dos mesas a la vez. Espero que nada empiece porque, no hay cosa que más me atrape que un juego estúpido.
Me preocupa.

Mikel en Córdoba

La cita era a las once en qu. Porque para mí era eso, una cita, aunque compartida con -al menos- 208 personas más. Yo tenía la entrada número 209.
Temía que rompiera la idea que tenía sobre él, pero nada más lejos. Resultó mucho más simpático de lo que parece en televisión, más cercano, más divertido, más rockero, más encantado aún si cabe con la guitarra y todo lo que hace. Me encantó. Y no digo cuando me devolvió la sonrisa. Lo pasé muy bien. Tanto que hoy me costó levantarme de la cama, porque esparaba que la noche siguiera durando todavía más. Lástima.
Como dijo un amigo lo bueno si breve..., aunque naturalmente por mí podía haber estado allí con la corbata roja cantando media noche más. Pero tampoco. Lástima.
Prácticamente lo cantó todo. A un ritmo casi vertiginoso pero correcto. Fue genial.
Me quedaré a la espera por si tengo la oportunidad de volver a encontrármelo alguna vez. Mientras tanto tu nombre en los labios, me pregunto hasta cuándo...

**

Si alguien estuvo anoche viéndolo en Córdoba, podría escribirme y así me ayudaría a completar la lista de las canciones que cantó. Perdí la cuenta.

Rara vez una rara noche

De un modo casi involuntario tropecé con aquel papel que anunciaba el concierto, hace una semana. A los 11 años vino a mi ciudad y no pude ir, por eso de ser una niña. El día 11 vendrá de nuevo. Si vino alguna vez entre medias, no tuve ocasión de enterarme.
Escuchar su voz sin cd’s intermediarios me va a resultar mágico. Nunca he escuchado música por entretenerme, sino porque recibía algo con sentido. Lo que oigo cuando Mikel Erentxun canta es ya un pedazo de mí. Es como certificar quien soy y tener la seguridad de que muchas cosas que he vivido las he vivido de veras, puesto que muchas de sus letras me han acompañado de la mano en incontables momentos.
Para colmo, no miento si digo que: si empecé a escribir alguna vez sobre lo que siento, muchas de sus palabras tuvieron la genial culpa.
Por suerte, no soy, ni fui, un fan redomado de nadie. Eso entiendo que cansa para ambas partes. Prefiero vivir en la armonía del encuentro.

... Si no estás tú,
será el champagne,
me recuerda aquella vez
contigo en ku

De calendarios, fotos y de llevar guantes mientras giras la llave de la puerta

Debería tomar cualquier decisión sin consultar tanto. Pero no soy de esas. Aunque suelo preguntar y acabar decidiendo después lo que ya tenía decidido: coincida o no.
Se supone que debería, se supone que tendría... se suponen muchas cosas y al día siguiente me da lo mismo.

Hablé con mac. La necesitaba, fui a verla y charlamos durante horas. Le va genial. He descubierto que a todos les va genial. Excepto a mí. Pero no me preocupa. Yo sigo escribiendo y haciéndome una lista de lo que quiero ser de mayor (de aquí a unos meses). Mac sique sola y he tenido que implorarle que salgamos juntas alguna vez para reírnos. ¿Por qué no? Estamos solas y somos amigas, pero, por lo visto, la idea no acaba de convencerle. Me desploma.

Parece que nieva y helárseme los pies no es de las mejores consecuencias. Me apetece salir a grabar algo ahi fuera o hacer fotos, pero me duele la barriga y no puedo escapar de los brazos del sofá.
Sorpresa! El gato ha vuelto, después de cuatro días desaparecido y sólo quiere leche caliente, no deja de maullar esperando que le haga cosquillas. Es genial.

Sigo preparando la exposición para mañana y esprando cobrar para pagar las entradas del concierto.

He dejado la ong, una semana ha sido suficiente.

Me pregunto qué hará él. Cada vez echo más de menos un amigo con quien hablar. Hablar a cualquier hora, las demás horas. Pero no. Me daré un nuevo margen de error, por si acierto, que lo dudo.

La calle al otro lado

Sólo cuando los cristales del edificio de enfrente reflejan el sol del atardecer recuerdo el día que te recordé.
Recuerdo palabras sueltas, horas, paseos y demás ideas inconclusas a la espera de.
Cuando te vea, cuando hable contigo, tengo que decirte esto y lo otro. Cuando nos veamos, que no se me olvide decirte tal cosa....

Lástima que olvide siempre que no es posible.

Peter Pan o cómo vivir del cuento

24enero.jpgDefinitivamente los sueños tienen una fuerza devastadora en mí. Son la fuerza y a veces siento una total autenticidad en ellos; como si el sueño, lo irreal, lo falso, fuera mi vida (la despierta).
Estos días he sido atacada por el síndrome de no querer dejar de ser una niña, hasta tal punto que me revolvía en la cama llorando esperando mis abrazos, la cantidad de abrazos que necesito, ese número infinito que me cuesta alcanzar. La cantidad precisa para evitar mi escozor en los ojos rojos de pena. Estaba hundida. Cada mañana, al despertar, allí estaban ellos: los rescoldos de sueños de la pasada noche empaquetados en canciones. Sí, he cantado mucho y sigo cantando y no dejo de pensar en la gallina, la rana, la fourmi, la vaca, el elefante, el señor don gato, l'alouette..., todos, en una especie de arca imprevista siguen anidando donde sea, haciéndome imaginar que aún sólo soy una niña.

Hay dos cosas que suelo hacer cuando me vengo abajo y quiero reponer mis fuerzas:
1, Mover los muebles, vaciarlo todo, revolverlo, volverlo a ordenar y recolocarlo.
2, Visitar la peluquería.

Ocupada en revolver mis papeles encontré una carta escrita a mí misma contándome un par de días de hace ocho años, donde me explicaba lo mal que lo estaba pasando sabiendo que vince se iría en unos días. Me lo contaba todo con cantidad de señales, con infantil ilusión. Si hubiera sabido entonces que no volvería a verlo hasta seis años después. Es curioso que aquella despedida que me pareció eternamente larga, aún lo fuera más de lo que imaginé; y que entonces lo ocupara todo y hoy sólo esa carta de un par de folios.

Durante mi visita a la peluquería aprendí que cinco dedos para mí, son diez dedos para ella.

De diferencias conciliables

25dic.jpgSe acabó el esperar. No hay andenes ni estación.
Calles húmedas y aire helado que no te permite apenas abrir los ojos. Me evaporo dentro de mi bufanda. Pienso en mucha gente, me enfado por saberme presa de una elección de dónde pasar la Noche de las noches del año, y olvido. Me olvido de pensar en otras opciones no válidas. Sólo es una cena, cualquier cena en cualquier sitio y cualquier noche, sin nombre propio. Acepto. Sólo somos nosotros, no importa lo otro.
Hoy, a la vuelta, escondida en mi abrigo y viendo una puesta de sol que me reconcilia conmigo y con quien soy: más sueños nuevos, construidos en todas estas tardes a solas. Porque este año después de tantos conflictos interiores, de tantos desenlaces y tanto abandono, sigo aquí. Y doy un paso y me encuentro con todo lo demás.
Me quedo sin remedio para lo que se ha venido abajo, pero da igual: me sonrío y comienzo a andar: ahora soy yo el tren. Se acabó el esperar.

De las sorpresas a última hora

Y para concluir mi última semana activa del año recibo tres noticias:
Ya cobras todo a la vuelta, en enero (genial, ¿cabía esa posibilidad?).
No has sido seleccionada (aún más genial: me quedo sin beca y a pagar antes de Navidad).
Hacedlo en estas fiestas (terminar todo el trabajo para enviarlo antes de regresar en enero, ha sido la mejor de las sorpresas).

Anoche, en pleno deseo de llegar rápidamente a casa, cenar, disfrutar del calor de la chimenea y huir de modo estrambótico a la cama antes de dar la una de la mañana, descubro que hay alguien esperando en la puerta. Marc, tras más de ocho meses y casi 1000 kilómetros, me saludaba entremedias de una conversación telefónica con alguno de sus jefes. Estaba trabajando por aquí y aprovechaba las últimas horas para ver a la familia. Cambio de planes. De pronto mi idea de cenar y dormir, pasó a ser de beber, tapear y charlar. Aunque su móvil suena como jamás antes vi. Suena cinco minutos después de que cuelgue, así constantemente, y puede hablar durante veinte minutos o más. No sabía si volverme histérica o quedarme dormida. A las doce sigue el ritual, pero asegura que este trabajo le gusta más, porque apenas trabaja y viaja mucho. Una de las llamadas es de su mujer y hablamos con el manos libres y nos oímos las voces, y la del crío. Y la frase Igual mañana tampoco puedo ir estuvo a punto de hacerme preguntarle cuántos días llevaba sin dormir en casa y sin ver al niño. En fin.
Llegué a la cama, por tanto, más cansada de lo que esperaba.
Naturalmente hoy, tuve que tomarme la mañana libre por resaca (y prometo no volver a tomar pastillas para el resfriado en ayunas) mientras vuelvo a posponer lo de empezar en serio con el trabajo y escucho algo de stereophonics que me recuerda a días de lluvia y jerseys verdes con olor a golosinas.

Esta tarde pienso gastarla viendo alguna película del star system de los 50 (que hace tiempo que no puedo), con chocolate o magdalenas y el gato pidiéndome algo desde el otro lado del sillón (que también le gusta ver películas a él). Como yo no tengo cena ni almuerzo de Navidad con compañeros de trabajo, por suerte, puedo pasarme las horas en pijama sin moverme del sofá.

De rápidas respuestas

15dic.jpgDurante los últimos días no he dejado de incubar una perfecta gripe. He llegado tarde a tomar antibióticos pero, por suerte, actúan rápido.
Todos estos días pasados sin nada que hacer los he dedicado a dormir de imbécil manera, llegándome a despertar a horas que dan vergüenza. El problema llega ahora, que me está costando un poco volver a levantarme decentemente: mientras más duermo, más sueño tengo. En fin, la suerte es que vuelvo a no hacer nada en un par de días, que acaban las clases (las dos: en las que enseño y en las que aprendo) en un par de días, y tampoco es que hayamos hecho mucho ayer y hoy.
En clase de francés y como hay menos ganas que nunca de aprovechar el tiempo, surgió el tema del "hombre perfecto". Odio esto, así que intenté evitar zambullirme, pero no hubo suerte. De modo que hemos estado caracterizando cómo sería (en francés, lógicamente). Los adjetivos más utilizados fueron: inteligente, guapo, comprensivo, fuerte, simpático... y mientras apuntaba en la lista su traducción simultánea, intentaba pensar entre las risas de diecinueve años qué tenía que tener alguien para llamarme la atención. Y pensé. Y seguí pensando a pesar de recordar frases de amigas:
- Yo sólo me fijo en sus dientes.
- No me importa como sea, sólo que sepa arreglar enchufes.
- Que sea limpio.

Fue sencillamente horrible. Dejé de pensar. Yo no busco nada especial, no hay nada predeterminado que deba tener, saber o ser. Todo eso, sólo son frases sueltas sin sentido, dichas al azar. Me niego a hacer una lista y me niego a pensar en ello.
Cuando me preguntaron a mí, contesté: sorprendente. Supongo que es mucho más que lo que ellas pedían. Al menos a mí, aún no me ha dado resultado.

Cumplo con mi parte del trato

funnyface.jpgEscrito ayer:

"Listo.
Hasta el último día he estado ocupada con lo del cumpleaños. Estupendo. Siempre necesito estar entretenida en algo (eso ya se sabe).
Según mis cálculos y la memoria no me falla (que no lo hace), mañana será mi cumpleaños con más sorpresas y por ahora ninguna para mí.
De todas, sé que las que más ilusión harán serán:
* Una película de la que siempre habla mi padre y que sólo vio en un cine en París. No sé si alguna vez la emitieron (quiero creer que sí). El caso es que nunca la compramos en vhs y hace un par de semanas la encontré en dvd.

* Y unas fotos, de un viaje hace 25 años. Fotos que he tenido que buscar en armarios ajenos. El cambio de diapositiva a foto ampliada y en perfecto estado también se ha hecho de rogar, al fin, ayer la recogí del estudio.

Desde ayer, por tanto, estoy que no me aguanto las ganas de sacarlo todo ya de su escondite".

Pero me las aguanté. Todo salió genial.
He pasado un día bastante aceptable. Eso sí, pocos, poquísimos se han acordado de felicitarme. Recuerdo el post de Mir sobre su cumpleaños, que no paró de recibir sms y llamadas. Mi móvil, sin embargo sólo sonó dos veces: una amiga encantadora y él, que se atrevió a enviarme tres palabras. Curiosamente durante el mismo minuto en que pensaba en él.

Y, para vosotros, también tenía algo preparado. No me convence el sitio porque da fallo continuamente, pero aunque esté en periodo de prueba lo dejo aquí, por si queréis echarle un vistazo.

Me cuesta dormir

A veces, me quedo sola. Todos duermen, incluso el gato. Y es demasiado tarde para escuchar música y me duelen los ojos demasiado como para seguir fijando la vista. Entonces, por mucho que me pese sólo me queda meterme en la cama, cantar mentalmente y esperar. A que amanezca o me duerma, pero yo no elijo, se elige solo.

Mais voilà : j'habite en France
et la France c'est pas du tout c'qu'on dit
.

Crónicas

31oct.jpgHablar con vince es hablar con un desconocido. Ver sus fotos de manos de su hermana, en un cumpleaños, en una fiesta, con amigos, en su coche, a dos mil kilómetros... es ver fotos de lo lejano, de otra realidad. En este punto del camino prefiero no ver, ni oír, ni sentir nada que tenga que ver con él. Ya no. Son vidas tan distintas que no parecen ni rozarse. No tiene sentido.
Estos días he visitado antiguos sitios demasiado frecuentados como para despedirme de ellos de un plomazo. Sin embargo parece que así debe ser, que todo apunta hacia su desplome, llevándose entre sus ruinas tantas historias, tantos días y noches que parecen obligarme a hacerles un nudo y poder llevarlos colgados de algún modo. O actuar como los demás, como si nada, como si fuera posible.
El miércoles descubrí que estaba perdiendo la visión de mi ojo izquierdo. Me atemoricé. Supuse (de un modo muy cierto) que se debía a las horas frente al ordenador del curso al que asistía. Esa misma mañana lo dejé. Me pasé horas descansando. El viernes todo estaba como siempre. Conseguí el tiempo necesario para descansar mi vista cansada.
Estoy despreocupada. Despreocupada de muchas cosas. Últimamente sólo pienso en mi cumpleaños, cosa que nunca hice: siempre intenté pasar el día del modo más inadvertido posible. Hace un par de noches incluso no podía dormir, sólo de pensar en la cara que pondrán cuando vean sus regalos. Sin embargo, no he podido aguantarlo tanto: el viernes se lo confesé a mi hermano. Aunque no he de preocuparme, él siempre guarda mis secretos.

Todo lo bueno

Nada más empezar se acercan unas mini vacaciones en las que pienso descansar, intentar levantarme algo más tarde de lo normal, colgar unos cuadros que tengo aparcados en un rincón de la habitación, ver un par de películas, salir a cenar y reír mucho.
A fin de cuentas me ha quedado esto: lo bueno. Todo va bien, no estoy triste (¿cómo podría estarlo?), y no entiendo cómo no me di cuenta antes. Ahora, con la cabeza algo más fría y una calma que no quiero perder por nada del mundo, sé que estoy no sólo en la mejor parte del año, sino en la mejor parte de los últimos años.

Mi concepto de paz

16oct.jpgUn día después de dejar de preocuparme por la idea de trabajar y llegar a la conclusión de que aún es más complicado de lo que ya sabía, recibo una llamada. Y sí, siempre supe que alguna vez trabajaría enseñando francés. Ahora, al fin, es un hecho. No es nada espectacular, pero tengo cosas que hacer y eso me hace sentir bien.
Las clases (las mías, las de doctorado) no han empezado todavía, supongo que han de pasar unas semanas, así que mientras, mato el tiempo con esto y algunos cursos de informática que empezaré dentro de unos días.
Poco más. Me vuelvo al campo a hacer fotos.

Al fin

gotas.jpgLlueve.
Duermo mejor escuchando las gotas caer, y el olor a tierra mojada actua con un auténtico efecto depurador en mi organismo.
La lluvia me relaja y es que aquí llueve tan poco que, cuando lo hace, prácticamente lo celebro.

De no mirar el reloj

Esta semana se ha pasado rápida y liviana. No echo en falta nada y me siento bien, mejor que los últimos dos meses. Me apetece que llegue algo de frío ya, que es lo que acabaría de endulzarlo todo.

Dentro de algo más de un mes será mi cumpleaños. El número 25. Anoche decidí que en lugar de esperar regalos de los demás, iba a hacer un regalo a cada uno. Es divertido porque obviamente, nadie lo espera. Ya tengo decididos un par de ellos pero me quedan bastantes, así que debería ponerme manos a la obra. Eso, buscar la película, lavar el coche, salir con mi amiga s antes de que se mude, esperar algún correo importante y salir a hacer fotos este fin de semana son, a partir de ahora mis actividades pendientes. Y es que me niego a volver a pensar que estar sin trabajar es un suplicio, al menos por ahora.

De confesables flaquezas

natalie wood.jpgA principios de la semana pasada sufrí un par de “patadas” con malas intenciones. El problema es que, en lugar de obviarlas, como haría la práctica totalidad de los demás, yo las veo como a través de un cristal de aumento. Cosa que no debería y sí, soy imbécil, pero me cuesta entender que se pueda tratar así a alguien después de tanto tiempo. Yo jamás lo haría.
Mi equivocación se remonta años atrás y estuvo en pensar que él era especial, diferente y lógicamente mejor a los demás. Él, desde luego interpretó bien su papel y yo me lo creí como una tonta. Pero el pastel se fue desvelando y hoy está completamente al aire. Todo a la vista. Es una lástima ver lo que éramos y lo que hoy ni somos ni, por mucho que cambie el viento, volveremos a ser.
Otras veces he sufrido. Algo así me ha vencido. Pero ya no. Es cierto, nunca olvido, porque hasta nuestros errores somos nosotros y, en que medida!
Me gusta todo lo que se avecina. Las cosas no me van mal, así que no debería arrinconarme, ni quejarme, ni asustarme; pero como estoy sólo yo: soy la única que me hundo y la única que me doy ánimos.
(Es cierto, nunca me sentiría sola en una isla desierta).

Las cosas claras

No entiendo como soy capaz de complicarme tanto.
En unos días formalizaré la matrícula para el doctorado si no vuelvo a martirizarme con la idea de si es algo positivo o no y si seré capaz de seguir adelante con él o no. No vale especialmente barato y no sé con particularidad lo que hay después (si es que hay algo).
Al final, he decidido cerrar los ojos y lanzarme. Estaré entretenida durante dos años. Bien entretenida, haciendo los cursos y la tesina más varios trabajos de investigación propuestos. Dios, sólo de pensarlo...espero poder hacerlo. Esa palabra me da miedo: tesis.
Por muy difícil que lo vea ahora, creo, creo que cuando esté en el barco, las cosas no me parecerán tan complicadas.

(Ayer me di cuenta de que si no tengo algo con lo que martirizarme , algo que no me deje dormir, algo para no dejar de pensar, parece que no me quedo tranquila).

Yo también quiero olvidar, pero no me sale

Me gusta la soledad porque es mejor que estar sentada al lado de la persona a la que quieres y sentirte sola.

(Espero octubre)

Oyendo el aire de la noche

Regreso después de un fin de semana durante el cual he llegado a la conclusión de que sigo sin tener nada claro.
Y una idea. Una idea de una vida paralela que sólo existe algún día, de vez en cuando en p ville, donde todo lleva un ritmo bastante más lento que en cualquier otro lugar.
Y dos miradas: la de la camarera atravesada de una sonrisa de martini, intentando averiguar mi ropa interior desde mi escote. Y la de m, cuatro años después, (fuimos rápidos los dos en mirar al suelo).

Como los restos de un naufragio

25sep.jpgSigo sin saber de él y sin saber hasta que punto me pertenece preocuparme.

Por lo demás:
Jm lleva días vagando por las calles, esperando que pase el tiempo, al más puro estilo dsd. Ahora coincidimos, charlamos, reímos, recordamos y esperamos coincidir el día próximo o tú me llamas, porque ya sabes que yo estoy abandonado.
Y dos minutos después de despedirnos encuentro a l y a su chica (desconozco su nombre, de dónde llegó y qué hace), dos meses después de la última vez. Como siempre. Y me pregunta por todos, pero no me pregunta por mí.
Para colmo de males, ayer vi a med, y con él todo lo que imaginé que sería, tendría y haría. Me habló un minuto fugaz, sobre él, sin preguntarme nada, mientras cada uno se dirigía a su casa, de compromiso. Y pensé que no me afectaría tanto y apenas fui capaz de articular palabra en las tres horas siguientes.
Y la única diferencia que encontré en Becky fue el color de los labios. Todo es lo mismo. Incluso su frase de despedida típica a ver si quedamos totalmente falsa, tanto que se marchó riéndose y con un siempre digo lo mismo.
Me sentí mal con r, porque apenas supe mantener con él una conversación de más de cinco frases y me dio pena saber que poca amistad quedará ya por gastar.
Y hoy pab, y quise preguntarle por qué me llamó una madrugada pero me habló de un trabajo estupendo que ha conseguido fuera y que se va; y acabé olvidando lo que iba a decir o, al menos intentándolo. Y sentí que tampoco a él lo vería en bastante tiempo.

Prácticamente ya no queda nadie.

De ese alcohol espirituoso

absenta.jpgAnoche probé la absenta.
La cena estuvo deliciosa, no sólo por lo que tomamos, sino porque la noche en sí resultó de lo más agradable. Perfecta para recordar mucho tiempo. Fue una lata que durara tan poco.
Y, la absenta. Es cierto que da una extraña sensación al primer sorbo. Y se rieron de mí cuando dije: Por un momento, incluso respiré mejor. He estado buscando algo más y he leido que este licor -la bebida de Rimbaud, Van Gogh, Degas, Picasso, Baudelaire y Hemingway- posee un componente utilizado en la fórmula del vick vaporub.

Ahora

Ya. Se acabó. Me niego a seguir así.
Estoy a punto de explotar por los nervios. Tensión. Tensión estúpida que seguro pierde valor en cuanto baje de la nube incómoda en la que estoy, que podríamos llamar: fase de indecisión-decisión.

Llega el ordenador y de nuevo empiezo a buscar qué hacer en este año escolar. Es cierto. Como decía jm ayer sin estudiar me falta algo.

No hay nada claro aún. Sólo rellenar formularios, entregar fotocopias y esperar. Esperar para saber si entro o no. No tiene nada que ver con lo que tenía decidido. Sencillamente se me ocurrió. Espero no equivocarme. No he dicho nada a casi nadie, por si la cosa no sale como espero.

En unos quince días tendremos la respuesta.

A mi manera

Para mí, el verano ya ha acabado. Nunca he atendido a las fechas que realmente dan paso a las estaciones del año y acabé dotando de pistoletazos de salida a situaciones más relevantes que siguen subsistiendo como los hechos más memorables.
Despedirme de la mayor parte de mi familia que, contra todo pronóstico, se vuelve a desplazar hasta aquí un año más (suponiendo el último reducto de aquellas maratonianas jornadas de vacaciones a la antigua usanza) viene a ser el último capítulo del verano y poco importa ya si dicen los calendarios que se acaba el 20 ó el 21 o vete a saber que día de septiembre, porque para mí es este.
Siempre he imaginado el transcurso del año como las horas de un reloj: el uno es enero, el dos febrero, el tres marzo así hasta darle al doce el mes de diciembre. Estamos a punto de empezar el último cuarto del año (el último cuarto de hora): mi parte favorita.
Aunque claro, para mí, es ahora cuando empieza el año, en septiembre. Así lo veo desde niña: Es lógico, de diciembre a enero me resultaba un escalón mínimo, el cambio sólo lo veía en que tenía que cambiar la última cifra del año en la esquina superior derecha de mis cuadernos. Pero todo seguía siendo igual. Sin embargo, a finales de agosto, después de dos meses y algo más sin hacer nada, en casa, en la playa, en el campo, etc... con aquellos que no veía desde el verano pasado y sabiendo que en breve comenzaría el cole, una clase nueva con compañeros nuevos, los profesores, los libros nuevos, nuevos conceptos y asignaturas, las matemáticas que desaparecen ¡al fin! ... Sí, el año (escolar o no) empieza ahora.
Feliz septiembre.

Con lo que me gusta ir a comprar cuadernos y lápices de colores.

Cuando las inclemencias las pongo yo y no el tiempo

20agosto.jpgLas calles se revelaban como decorados abandonados. Paseamos sin dejar de hablar, como con la seguridad de tenemos tanto que contarnos a pesar de ser la primera vez que manteníamos una conversación más larga de los cinco minutos de rigor a los que estaba acostumbrada hasta entonces: no sé qué hablar con gente con la que (creo) no tengo nada que hablar. La última vez que coincidimos apenas me di cuenta de que estaba allí, con los demás, y sólo al final de la noche me preguntó por algo y hablamos. Que me invitara a salir días después era de lo más inverosímil. Acepté porque quería probar antes que no hacer nada.
Paseamos por lugares que ni siquiera de día conozco. Y contamos historias, algunas suyas y algunas mías y hablamos de decoración, del arte post modernista en París, de las fotos con aire retro y de las oposiciones.
En una plaza solitaria, después de cruzar las teterías y los sitios que te transportan a las mil y una noches, nos sentamos a relatar las leyendas de las casas antiguas que conocemos. Y me enseña una escultura escondida de una mujer desnuda que se baña en una esquina recóndita de la ciudad. Y seguimos callejeando y no hay nadie salvo las aceras y las farolas encendidas a modo de lunas calientes. Y me habla de cualquier cosa mientras se acerca de frente el único personaje que se nos cruza, alguien en silencio, que anda despacio, y miro asombrada a Audrey que parece sonreírme desde su camiseta y empiezo a reírme por dentro, imaginando que vivo dentro de un post de mi propio blog. Lógicamente no se lo explico.
Llegamos. Me presenta a sus amigos en el cuarto bar de la noche. Son diferentes a los que yo conozco, y me gustan. Me gusta estar allí, en un tablao flamenco, en un patio interior de una casa antigua reconvertida en bar de copas, en una plaza, en cualquiera de esos sitios nuevos para mí. Incluso él es agradable y ha conseguido, al fin, que lo pase bien sin esperarlo. Pero lo he pillado mirándome un par de veces. Y no sé qué hacer. Sentí que había llegado el momento de marcharse a casa, no imaginé que él pensara que seguiría durando la noche, me habla de un local nuevo. Le digo que no puedo. Y las señales de desilusión en su cara me descolocan. Y nunca quédate sonó tan triste como en su voz.

Niños jugando al escondite

Es curioso como también los lugares están vivos. Y como dejan de estarlo, porque acaban quedándose sólo en algún trozo de foto o escondidos en la memoria. Sitios que ya no están. También lloro por ellos, porque pasé mucho tiempo allí y tampoco vuelven. Y temo que como yo, sufran por saber que ya no existen, estén donde estén.

A menudo, de repente pienso quieta, mira alrededor, huele y escúchalo todo, y guárdalo en tu memoria. Recuérdalo. También a menudo esos elixires se abren solos, durante la noche, mientras duermo y amanezco ahí, cualquier día y todo está como entonces.

Recuerdo despertarme en una habitación enorme, y no dejo de mirar qué partes de la cama se iluminan con trocitos de sol que se cuelan por la persiana. Y me levanto con cuidado para no despertarlos a todos y salgo en busca de mi colección de conchas marinas y huele a tortilla de patatas y a flotadores a punto de bajar a la playa. Y un patio de luz al que caen multitud de sonidos y canarios que no dejan de cantar a la hora de la siesta.

O recuerdo estar al borde del jardín, mirando el horizonte y toda la campiña, como en un balcón predilecto y sentir el aire en la cara y el olor a pinos y a rosales recién podados. Y caer la noche y oír llegar el tren. Y esperar para no olvidar el color de la tierra ni la intensidad de las estrellas. Ni mi casa. ni mi cama. Ni los gritos de éramos niños jugando al escondite y la piscina sin llenar. Y una terraza con lagartijas y helados al corte de vainilla-chocolate.

Las casas de mis abuelos, como ellos, tampoco están ya. Después de tanto, que no quede nada, me pone nerviosa y pienso que hay cambios grandes y desagradables y que con todo no puedo y que siempre habrá algo en mí que se niegue a ser algo más que una niña.

L' étrange pique - nique nocturne

Extraña vida esta.
Hace años, hoy, estaba en París; hace años, hoy, estaba en Ávila o en algún lugar perdida en los alrededores; hace años, hoy, estaba ahí, a pocos kilómetros, supongo que llorando (nunca solí pasarlo bien) y temiéndome qué vendría después. Hoy nada de lo que me preocupaba entonces me preocupa ahora y lo que siento que alguien puede empeñarse en que me preocupe, día a día, tampoco lo hace: rentabilizar. Me niego.

Decidí ir. No las tenía todas conmigo. Vestido rojo, sandalias y pelo mojado. Algo de perfume, mis gafas para no perder nada de vista y una cámara de fotos, para obligarme a recordar con detalle. Fui. Tardé. Llegué. El duelo con th fue tramado, liviano y anticipado. Lo mejor: salí airosa. Lo peor: la comida.
Las cosas dejaron de importarme a las 21:50. Confidencias con b y mi querida l, risas, demasiadas tal vez, básicas, sin lugar a dudas. Hablamos de trabajo con el novio de b y con pkt. Me aburro y hago como que escucho mientras imagino de qué color sería mi coche ideal y qué música escucharía justo cuando alguien me pregunta sobre mí. Me cuesta responder de forma coherente, así que hago chistes o cambio de tema.
Le conté a sil que había visto a una compañera de clase por la calle a la que hacía más de cinco años que no veía, ahora casada, con un hijo y embarazada, y sólo dos años más que yo. Me impresionó. Cada cosa a su tiempo, no te estás perdiendo nada, por ahora. Vaya, y le expliqué que aún me sigo sintiendo tan lenta en una carrera que no sé si es a contrarreloj o de obstáculos, porque hasta ahora no he visto instrucciones repartidas por las esquinas, y que lo único que hoy me queda claro es que, al menos la mía, no me gustaría que fuese de relevos. Se ríe.
Jugamos a los números, la cena termina y th y otros se van. He estado muy relajada todo el tiempo, pero ahora el sentimiento se acentúa. Hago fotos. Muchas, en cualquier posición, de cualquier cosa y con cualquiera. He decidido coleccionar fotos con personas que ríen. Seleccioné esta mañana tres de anoche. Me encantan.
La noche pierde color. Hay que irse a pesar de ser consciente que siempre pierdo el sueño en la franja entre las 02:45 y las 04:00. Dormiré mañana.

Hoy, segunda parte. Aún más divertida. Se cuentan secretos que jamás habría imaginado. Los mosquitos me comen de una manera bárbara, y me preguntan qué voy a hacer el día de mañana. De nuevo la pregunta suicidio y el par de respuestas que suelto por método y nadie queda contento.
Llego a casa pensando que me quedan mails de un par de amigas por contestar, así que me conecto y descubro en mi bandeja uno nuevo que me ha hecho feliz de una forma casi prehistórica para mí, lejana en el tiempo como los sellos, las cartas con olor a fresas y jeroglíficos haciéndose pasar por remites. Lo leo un par de veces y, como en aquel entonces sólo se me ocurre pensar prometo responder.

Tres momentos para relajarse

Me vestí. Hace más de un mes que no veía a mac. Sí, tenía ganas de verla. Pasamos juntas la mañana. Me divertí mucho (como de costumbre siempre espero pasarlo peor de como luego acaba ocurriendo), estuvimos hablando de todo: del trabajo, de las clases, de las vacaciones por entregas, de los chicos, de otras amigas, de todo...
Ideamos quedar “de verdad” alguna noche en septiembre porque ahora ella está a tope con el trabajo y no tiene descanso y cuando lo tiene está cansada. La vi con muchas más ganas de quedar que yo e incluso pensamos ir a un par de sitios concretos y alguna locura, como avisar a s.
Cuando me iba a marchar me dio un regalo. Y pensé ¿cuánto hace que alguien no me regala algo? ¿algo inesperado, un detalle con la única excusa de sorprenderme? Sí, casi siglos. Pero obviamente, vince. Lo curioso: que horas más tarde recibiría un par de sorpresas más y que mi padre hoy me ha traído algo también.
Ayer acabé la tarde en la maison, mucha gente, más regalos (esta vez de París), anécdotas, française que se deja acariciar la tripa, escuchamos música, se ve un video y se toman bebidas.
Cena en la calle de p ville. Cena completamente en la calle. Aire muy fresco y relajante, sin ruidos (excepto algún coche inoportuno), ideas de lugares y rr a lo lejos, que me conoce, se vuelve, me mira.

Dando las vueltas que da la vida

23julio.jpgCalor infernal. Esta madrugada, a las cuatro de la mañana seguían los 33 grados. Anoche muchas risas y bebidas, sudor y canciones. V haciendo de las suyas y nosotras siguiéndole la corriente. V2 hace de guardaespaldas.
Lo de estrenar sandalias siempre trae problemas (y se agradece llevar tiritas en el bolso). Gambas en una terraza en la que resulta necesario una lucha previa con alguna mosca.
Bebemos en un local decorado con cuadros de van gogh y miro entre la gente y pienso que estaría bien encontrarme con él aquí (no con van gogh, se entiende). Se llena y salimos. En el siguiente sólo se escucha música española y todos bailan rumbas. Incluso nosotros bailamos ya. Hace demasiado calor. Las terrazas están a tope y parece que vemos el mar a lo lejos. Nos vamos al paseo y decidimos entrar en uno de los más chic. Allí se está más tranquilo. Música de los ochenta y algo para picar a las tres de la mañana. Un baño con techo de espejo y jabón con olor a moras. Algún chiste sobre vince y las canciones en español que conoce. Fotos para poder asegurar yo estuve allí y escapada para evitar ser descubiertas tras comprobar que v se lleva una bandejita en el bolso. Tampoco resultó caro. Al contrario.
Seguimos la ruta, un par de sitios cerrados ya y acabamos en una casa donde no hay luces salvo en la entrada y en la terraza y donde puedes bailar en las habitaciones. Luego más bebidas y música para reír. Hay un chico en una mesa al fondo, del tipo feo-irresistible que tanto me gusta. Me da que lo conozco, que ya alguna vez lo vi antes, porque recordaba sus gestos y su risa o que me recordaba a alguien pero ¿a quién?. Nos miramos durante el tiempo de encender un cigarro y luego otro. Y lo miré después para recordarlo alguna vez más, si cabe la remota posibilidad de volverme a cruzar con él.
Cantamos y v2 me cuenta historias de su barrio y los locales donde suelen salir allí. Le digo que iré. Recordamos que esto se ha vuelto corto, que se acaba en dos días y evito hacer comentarios.

Vacaciones con v

El fin de semana llega, en esencia, hasta hoy. Regreso agotada. Más de lo esperado. Me divierto también más de lo esperado. No pienso. No paro. Regreso y no paso un día en casa. Debería dormir más de quince horas la próxima vez que me vaya a la cama.
Ahora estamos en plenas vacaciones con v. V lo cuenta todo. Puede pasarse las horas hablando y no darse cuenta de que amanece otra vez: horas de mar, horas de restaurantes, terrazas, en la cocina, pubs, heladería, en el coche, piscina... Yo la escucho básicamente a la vez que le aseguro que no tengo nada que contar. Ella siempre habla demasiado. Aprenderé a lo contrario.
Me queda otro fin de semana que se alargará hasta el siguiente sábado o domingo. Me alegro. Parece antes.

Y ya casi acaba julio y yo sin enterarme. Acabo de descubrir que hoy es día 22! y he decidido que agosto se pase en un plis-plas.

Mediados de mes

No puedes llegar a los treinta sin trabajo o sin pareja, o incluso sin coche. Algo has de tener.
Me dijo vince la última noche que salimos hace más de un año. Estábamos sentados a la barra de un bar azul, después de una actuación de deneuve a la que no asistimos, aunque el dueño del local nos confirmó que estuvo genial, entre otras palabras incomprensibles por el alcohol que llevaba bebido.
Yo escuchaba lo que decía vince sin inmutarme, la mayoría de las veces no estaba de acuerdo con sus planteamientos, las demás, me daba lo mismo. Él solía decidir y yo aceptar. Él hablaba, yo escuchaba o simulaba que lo hacía, en ocasiones con la cabeza en otro lado. Era así de sencillo. Y a mí me daba lo mismo. Nunca supe cuando hablaba en serio y cuando no, porque en él no se notaban las mentiras y lo que era verdad parecía falso y al contrario. Ante eso y sus largas ausencias, cuando estaba conmigo yo dejaba de buscar significados.

Hablamos hace algunas noches. Sigue con ese humor sin fecha de caducidad al que tuve que acostumbrarme, sólo que cada vez se me nota más la risa ajustada. Muchos años, muchísimos, y pocas ganas de seguir siendo la misma, mientras los demás ya son otros. Se va de vacaciones solo. Como de costumbre. Los dos solos, uno en cada punta de la cuerda.

Paso el fin de semana fuera.
A la vuelta, decidme, si me veis, que las horas al sol han servido para algo.

Escrito el día tres de julio

audrey with dog.jpg(...) "A veces imagino, últimamente me conforta más la idea, que una mañana de estas despierto y lo he olvidado todo. Pero todo. Absolutamente todo. Y de repente, me toca vivir una vida nueva. Incluso quizás tenga suerte y ni siquiera fuera yo misma. Otras veces sólo pienso que podría empezar de nuevo con la capacidad de cambiar aquello que no funcionaba para hacerlo bien, de una vez. Pero ni una ni otra. Cuando me levanto me miro al espejo y no me asusto. Sigo siendo yo. Y las mañanas siguen empezando más o menos a la misma hora, suelo hablar el mismo idioma que de costumbre, voy a los mismos sitios y me encuentro con los de siempre. Se supone, eso me han dicho, que he de vivir con ello. Que tampoco es tan difícil cuando el tiempo pasa y empiezas a andar hacia delante. Pero el caso es que yo sólo doy círculos. Ando el mismo recorrido siempre, aún cuando creo que salté o giré, nunca tengo la seguridad de estar bien orientada y al tiempo descubro que no he hecho nada, que sigo aquí.

A partir de ahora estoy en las mismas. Me doy diez días".

Ya se cumplió el plazo. Según mis cálculos, se debería acabar mi tristeza.

Nunca he cogido un atajo

En la búsqueda de la postal que sigo sin encontrar estuve echándole un vistazo a mis carpetas de clase. Las de hace dos, tres y cuatro años. Las sigo guardando tal cual, con los apuntes sin recoger. Como las dejé.
En ninguna de ellas he visto la postal. Miré en el cajón de la ropa interior. A veces guardo algo allí. Tampoco. Ni con la ropa ni en el cajón de abajo, entre las sábanas. No doy con ella. Alguien me dijo que no la buscara ya, aparecería cuando menos lo esperara donde menos lo esperara. Pero quiero verla ahora. Y no hay modo.

Sin embargo encontré medio folio escrito en rojo, con multitud de borrones y un par de espirales característicos de cuando escribo. Ha de ser de hace dos años. Lo guardaré en la caja de metal, junto a todo lo demás:
Resulta un furor extraño que sólo a veces puedo controlar. (...) Es cuando estamos solos. Es cuando nos separamos. Cuando sé que no te volveré a ver hasta el lunes. Entonces me paro y pienso en tí. Y pienso en qué estarás haciendo y en si piensas en mí. Y en por qué piensas en mí. Y en por qué pienso en tí.
10/07/2004 17:18 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

No tengo planes más allá de esta cena

dd.jpgQue pena me doy.
Si no fuera porque tengo que convivir aún conmigo algún que otro año más, me daría una patada en el culo. Hay días que no quiero verme más. No me soporto. Pero no hoy.

Que se joda el futuro dice Tony Manero. Lo dice además, convencido.
Esta tarde me tragué dos películas, no sé si bien elegidas, pero sí elegidas al azar. La segunda de ellas, una Dirty Dancing del 87, con una calidad de visionado (mi cinta) prácticamente inútil. La vi al poco de estrenarse, allá por aquellos finales de los ochenta, en un francés imposible, de modo que me centraba en el cuerpo del protagonista, en sus sonrisas y en sus brazos, intentando dar sentido a aquellas palabras que me parecían, por completo, infundadas e innecesarias.
Yo jugaba con mi barbie a intentar desenredarle el pelo y a darle aftersun después de pasar la tarde en la piscina. Luego se preparaba para ir al entrenamiento, porque allí sólo conocía a su g.i. joe que llegaba conduciendo junto a un par de metralletas, frente a un sol de justicia, desde la parte más alta del armario en caravana. Para mi barbie lo de ir al desierto a pegar tiros no era su plan soñado, pero era eso o salir con batman en su batmovil. Y batman era más bajito y no se quitaba la capa, ni la máscara, y dudaba que el batmovil fuese tal, porque a ella sólo le parecía un simple coche negro con pegatinas del bollicao. Prefería la lucha.
Aquel era un verano de lagartijas y paredes encaladas. Un verano en que las chicas imitábamos a las mayores y unas mayores que invitaban a las chicas a comer chimos y a ver una película a escondidas. Sentada en un sofá de piel marrón, ahuyentándome los mosquitos con aután y levantándome cada dos por tres para no quedarme pegada en él. Aunque entonces no hacía tanto calor. Excepto cuando vimos a patrick swayze desnudo. Juraría que en la versión francesa yo vi más que en la emitida aquí. Sería la edad. Porque hoy no vi absolutamente nada. La peli la vi después, en otra ocasión. Pero creo que hoy la escuché casi por primera vez.

De no saber nunca lo que pasa

Cada vez me resulta más difícil hacerme la dura. Una vez me dijo si muestras tus debilidades te harás vulnerable.

Es difícil. Complicado. Estuve a punto de decirte: quiero hablarte, quiero hablar contigo, me apetece, lo necesito, pero sólo se me ocurre decirte he de irme.
Siempre intento leer los cuentos empezando por el final y es francamente una tortura.
Hoy quedé con mac, pero no fui. Se me hizo tarde probándome un vestido más corto de lo acostumbrado y relativamente fácil de quitar que no sé cuándo acabaré poniéndome. Ya tengo preparada la ropa para el concierto, decidido lo que haremos el viernes y el sábado. Creo que v está por llegar. Pero aún no sé con seguridad el fin de semana que es. Voy a hablar con mac, volveré a ir quizás el miércoles, pero casi no me apetece. En realidad, apenas me apetece ver a nadie.
Esta mañana estuve con mm, tampoco se va de vacaciones. Sigue trabajando y a mí siguen sin llamarme. Lógicamente han escogido ya a otros. Da igual. Quizás mañana empiece a buscar algo. Hablé con s que me felicitó y me dijo que tenía ganas de verme, que hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Le contesté que no me apetecía, que estaba de bajón, pero que ya le avisaría. Lo triste es que ella quiere saber y yo quiero desahogarme. Hablo con nikki, ella siempre está feliz, hablamos de sus increíbles vacaciones dans l’haras. Al menos que disfrute alguien.
Nada de esto me ayuda.

Cuento un paso más

Eres trágica o esto es trágico no logro recordar qué fue lo que me dijo la noche del uno.
Hoy estoy muerta de sueño y ya empiezo a desvariar. De hecho no logro recordar cuándo nos despedimos de didi, no sé a la altura de qué. No lo recuerdo. Antes me acordé que me estaba mojando los pies, mis dedos que se asomaban por las sandalias y alcanzaban el agua del suelo, porque llegando al bulevar estaban regando las calles. Más risas. Y deseo. El deseo.

Eres trágica o esto es trágico no logro recordar qué fue lo que me dijo la noche del uno.
Y pienso en perder la compostura. Pero dudo dónde y cuándo. Hoy me siento gaseosa, en algún lugar de la tabla entre el oxígeno y el hidrógeno. Miento. Hoy soy un gas noble, inerte y sin reacción posible. Mañana, como hoy, saldré también, pero son salidas infernales que no llevan a ningún sitio, salvo a querer evaporarse con la mayor de las facilidades. Insoportable.

Eres trágica o esto es trágico no logro recordar qué fue lo que me dijo la noche del uno.
Y el viernes didi me envió un sms que nunca esperé ¿haces algo esta noche? y me llamó después, a eso de las diez. Todo lo vi esta tarde, al encender el móvil, que llevaba apagado sus 24 horas correspondientes de ya no espero noticias de nadie.

De lo que sufrí anoche

in bed.jpgÚltimamente perdí el miedo a fracasar. De modo que ahora rentabilizo más el tiempo.
Anoche decidí hacer algo. Aunque me pasé las dos horas previas (desde que se reunió el grupo) alternando el sí y el no, siguiendo sus frugales miradas sobre mí, intentando dilucidar qué le decía a aquella, que tuvo que venir para hacerme sentir perdedora hasta el mayor de los límites y temiendo que me rechazara en el momento que, al fin, supuse, tendría que comenzar la ofensiva.
Estoy destrozada. Estoy muy loca. Cuando me bajé del coche y crucé la avenida, lo vi acercándose al grupo reunido al final de la calle. Llegaba con ra. Me miraron. Yo no pensé en qué pensaban, pensaba en que ya estábamos todos (él y yo).
Me miró, estás espectacular.
(vaya, pensé que me habría pasado). Creí que no vendrías.
Y yo creí que no vendrías tú.
Cenamos, hablamos, reímos, y yo no hacía más que pensar cómo y cuándo. Y qué pasaba. Entraba y salía de las conversaciones sin descanso. Me quedaba a medias. Contestaba con sonrisas y con lo primero que se me ocurría. Me faltaba poco para ser feliz. Volaba a vista de pájaro encima de todos. Esperando. Se me olvidó el tiempo, aunque no dejaba de mirar el reloj, no entendía nada. Empezamos a ir a sitios. Él iba con aquella. Nosotros que íbamos juntos siempre. Ahora iba con aquella. Tiene su móvil. La llamará. La llamará cualquier noche de estas, en las que yo esté en la cama, intentando dormir minutos sueltos durante los que intente conseguir no pensar en él. Y yo soy la más tonta y hasta qué punto. Hubo un momento en que quise irme, irme, irme. Largarme. No se iba a dar cuenta. No me miraba. Entonces quise morirme. Morirme al instante y desaparecer como el humo, como las cenizas. Alguien me empezó a hablar. Yo no oía. Ni miraba. Ni lo buscaba. Quería morirme y que no me viera. ¿Cuánto tardaría en echarme en falta? No lo haría. No entonces.
(Si te vas... sería lo peor que podrías hacer. Sólo lo hacen las niñas y las tontas. Decídete).
Bebí. El camarero lo cargó más de la cuenta. Lo cargó por completo. Mejor. Aunque esa fue una de las conclusiones de la noche más acertada, pero llegué a ella mucho después de los efectos. No dejaban de hablar. No podía oírles. Me estaba sintiendo fuera de dentro del grupo. Tenía que resistir.
(Oye, si no quiere, escucha, si no quiere, tranquila. Sabes que ha sido tu culpa. Vive con ello. Bebe y diviértete en serio. No vas a quedarte en la cuneta ahora. ¿Entiendes?. Esta noche es la noche. Hoy va a ser una noche especial... Y hace calor, ¿lo notas? No, estoy helada. No va a funcionar. Venga, te dijo espectacular. Alguien te ha dicho algo más, no? Pues deja de pensar en él. Deja de pensar en él alguna vez. No ha pensado en ti en toda la noche y tú detrás todo el rato. Pareces patética.
Hablé con ra, me dijo cosas bonitas. Habló de mí, con algunos. Habló conmigo. Hablamos. Hablé con los demás. Estuve en otro sitio, me invitaron a beber, me hicieron reír. Estaba bien. Cuando volví a la mesa él quería irse, sólo hacía cinco minutos que aquella se había marchado y ahora él se aburría. Ahora yo no quería irme. No hace falta que nos vayamos juntos le dije. Y creo que me contestó que me acompañaría a casa. No recuerdo muchas palabras más. Sólo miradas. Las de didi sobre mí, hacía un par de horas. Bebidas compartidas. Su mirada perdida de me quiero ir y la mía de yo ahora estoy bien. La noche se acaba. Comienza la estampida.
Yo quiero acabar con él en la cama, por dios, como tantas otras veces y es inaguantable no dar el primer paso. Pues díselo. Se supone que es fácil. Qué tonta he sido.
Nos vamos nosotros dos y ra. Ra pretende acompañarme a casa. No sé qué más. Tampoco me interesa. Me toca el culo de camino de vuelta con una mano que quema, así que dejo que acelere un poco para que él se quede más atrás. Me quedo a su altura. No dejo de mirarlo. Quiero caerme encima suya y engancharme muy fuerte. Ra sigue delante. A veces habla. No recuerdo qué dijo. No le oía. Ra le dice a él que se vaya, que me va a llevar a casa. Yo no he dejado de mirarle en todo el trayecto. No sé cómo decírselo ¿no te dicen nada mis ojos? Me estoy deshaciendo.
No sé qué piensa ra cuando él le dice no, la llevo yo. Y yo quiero llorar. Llorar hasta dormirme y despertarme libre. Llorar de felicidad. Llorar. Estoy nerviosa. Me estoy volviendo loca y quiero que me coja en brazos, quiero quitarme los zapatos. Todo va lento y rápido a la vez. No pienso nada. Y es lo mejor que he pensado nunca. El silencio me quiebra los oídos. La calle me está mirando. Tiene ojos que me conocen y la oigo respirar, rezuma calor. El camino me pareció tan corto. No sé de qué hablamos cuando nos quedamos solos. Luego en casa sólo tuve nervios hasta que comenzó a besarme. Luego creí que me comía. Y me estaba ahogando y ya todo me daba igual. Me expuso las reglas del juego. Acepté. Todo perdió su sentido o quizás fue cuando realmente lo recobrara. Ardíamos. Yo quería llorar de felicidad. Quería llorar hasta diluirme. Jamás fui más feliz. Jamás. Pero no podía dejar de reír. Y le pedí cien veces que se quedara. Se fue al amanecer, como Romeo.

Nouvelles d'enfer

lady of shangai.jpgY sin embargo, hoy, quiero borrar todo lo de ayer.
Todo me parece un mal sueño. Sólo dos palabras son capaces de destrozarme hasta el punto de confundirlas con metralla. De repente me abrió los ojos y todo dejó de tener cualquier mínimo y posible sentido. He pasado una noche demoledora. Antes, cuando me dijo que ya nada entre nosotros tenía razón de ser, sencillamente me descompuse. Ahora.
Ahora.
Qué hago.
No quiero que se termine. Aunque para él parece que se acabó hace tiempo. Cuánto lo siento. Cuánto odio el haberme equivocado, el haber esperado. Pero entonces no podía. Y ahora... qué hago.

Directamente de la película

No soy Holly. Ni siquiera Lulamie. No se quién soy. Soy como este gato. Somos un par de infelices sin nombre. No pertenecemos a nadie y nadie nos pertenece. Ni siquiera el uno al otro.
(Desayuno con diamantes)

Fragmento que siempre tengo en cuenta

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré al mundo. Me adapto a mí misma.
(a.n.)

Soportar a un insoportable

Ayer coincidí con b después de cuatro meses sin vernos. Al principio parecía un encuentro algo incómodo como de costumbre, aunque no logro averiguar por qué. Después de evitarnos largo rato entré en su conversación con alguien, al rato se volvió y comenzamos a hablar nosotras. Sin duda fue mi gran amiga y creo que yo de ella. Me contó muchísimas cosas de estas semanas sin vernos. La sigo viendo triste, aún más que las últimas veces. Ahora ella también trabaja (esto parece una plaga), pero llegó allí por recomendación de su novio. Dice que el sitio no le gusta pero ahora me toca aguantarme.
Suena su móvil, suena mucho pero no lo oímos. Cuando lo descuelga, su novio le grita y ella: estoy donde te dije que iba a estar... pues no lo he oído, etc. Y yo me alegro de que no le pregunte con quién está y ella le conteste que conmigo, porque deduzco que entonces él habría hecho los 25 kilómetros que nos separaban para llevársela y gritarle a gusto.

De la irremediable exaltación del calor

conLlegó la serenidad. Supongo que tiene que ver (y bastante) con la vuelta similar del calor, que obliga a hacer menos y a disfrutar más. Lo que peor llevo son las noches eternas y los días que paso sola. Por lo demás, la cosa va sobre ruedas. Hechizo amigos que me divierten y me hacen reír con pasión a la vez que planeamos un viaje para el mes que viene mientras las chicas y yo nos volvemos locas imaginando cómo acabar este fin de semana con menos ropa que con la que empezamos.
La escapada que hicimos esta semana fue genial. Sigo sin tener noticias de mi posible trabajo. Desilusión pasajera. Al mismo tiempo que descubro, en los últimos dos días, la existencia de otros -cercanos- que están peor que yo. Decido no quejarme.
Me ducho, me visto y salgo.
11/06/2004 21:42 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

De mis gastos de constitución

Conclusión de esta mañana: Me estoy quedando sin dinero. No es que tenga muchos caprichos, es que tenía muy poco dinero y cada vez más se está notando el agujero en la cuenta del banco que, además, con comisiones y etcéteras me hace bajar mucho más rápido. Lo habitual. Cuando sil me comentó que a una compañera le ingresaron 6000 euros en el banco por equivocación no pude más que imaginar que a mí me podría ocurrir lo mismo. Pero por ahora no. Y sigo gastando.
Hoy le envié un sms a vince para felicitarle por su cumpleaños. Me contestó unas siete horas después (llegué a pensar que eso es lo que tarda en llegar a París un sms) dándome las gracias y un espero verte pronto que sonó tan a ver si nos vemos que habría preferido que no me contestara nada. Voy a reírme, ahora vuelvo.

De los últimos días

car.jpgLa semana ha pasado fugaz e insípida. No me di cuenta que era lunes, martes, que había pasado el miércoles al confundirlo con el jueves y que era viernes antes de esperarlo. Apenas lo he visto y lo he echado de menos con una persistencia férrea. No sé qué hacer.
Estuve con ele una tarde entre el martes y el miércoles, está feliz y el trabajo le encanta. Quedé en verla una noche la semana que viene, saldremos a bailar juntas y a repartirnos ideas la una a la otra, como quien reparte gominolas.
Me ofrecen un trabajo por 900 euros brutos mensuales que decido no coger, paz piensa que no está mal, cuando para mí sencillamente es una mierda y no me apetece hacerme 60 kilómetros al día para llegar a esa oficina pueblerina. Seguiré buscando. Por ahora no hay prisa.
Intento terminar el libro que saqué de la biblioteca, pero cuando llevo una hora me aburre y me aburro y no dejo de mirar por la ventana como intentando mirar más allá de lo que solo es posible ver. Últimamente aquí dejo algunos fragmentos del libro.
Ayer me di cuenta de que si no tengo algo con lo que martirizarme, algo que no me deje dormir, algo para no dejar de pensar, parece que no me quedo tranquila.
05/06/2004 21:35 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

De intransigencias

De todo lo dicho lo que más efecto me ha producido han sido las miradas clavadas como estacas. Nada de palabras, excepto durante ese momento hostil que me provoca la seguridad de saber que si no decimos nada no sabemos de qué va la cosa.
Pero hablamos idiomas diferentes, queremos cosas distintas, oímos música opuesta y odiamos nuestros respectivos gustos. Estoy deseando no verte (a ver cuan lejos puedo estar) y cuando te veo quiero estar todo lo más cerca posible de ti. O te odio a muerte mientras me debato entre llamarte o que me llames. Igual yo ya me he decidido.

Vida excesivamente difícil

Habiendo tocado fondo, salto de nuevo para reconstruir mi vida.
Intento considerarme como un ave fénix, capaz de renacer constantemente de sus propias cenizas. Después de un par de semanas con menos ímpetu por la vida que de costumbre vuelvo a ponerme en marcha. Hoy he cambiado el cuarto. He movido todos los muebles, intento darle otra perspectiva. Es un cambio mínimo, lo sé, pero me obliga a cambiar hábitos sencillos y es como una pieza de dominó. Hablé con mac anoche, preocupada porque le exigen más horas en el trabajo. Si te gusta, hazlo, si no: escápate. Ese fue mi vago y ya conocido consejo pero que ella ha tomado como idea del año. Seguirá: a todos nos mueve el dinero.
El calor me mata.
Me siento aprisionada, pero a pesar de eso he de encontrar la forma de expandirme.
Estoy muy por debajo de mis posibilidades y de cualquier ilusión alcanzable. Sencillamente no ando. Llevo demasiado tiempo quieta, esperando algo que no llega y no lo aguanto más. Es intolerable. Nada encuentro que me haga feliz. Estoy agotada y hastiada de toda esta nada que me envuelve. No soy quien era hace unos años. No sé qué me ha pasado, dónde me paré, qué hice, dónde estoy, por qué no avanzo. No sé nada.
Hay días que me gustaría perderme de mi vista. Escaparme de mí misma, pero no encuentro la manera. Necesito perder la conciencia atrapada en un torbellino.

De no coincidir nunca

hepburn.jpgDe la otra noche sólo queda el rastro del tabaco en mi ropa. Aparentemente todo fue muy divertido. No lo dudo, pero siempre consigo darle a cualquier momento el color de un poso amargo.
Mientras iba por la calle ideé hablar con él, pero temiendo un nuevo caso omiso sólo se me ocurrió enviarle un mensaje vía móvil invitándolo de manera muy sutil (tanto como pudo ocurrírseme) a acompañarme. Casi una hora después me contestaba rechazando la invitación. De modo que me dio tiempo a llegar y a despojarme de la idea de su compañía: su obvia tardanza me llevó a suponer que no vendría.
Justo antes de entrar al primer sitio (al menos hacía una noche espléndida de luz y aire, nada de calor) vi a Jd. Y pensé en lo que me fastidiaba cruzarme con él y no con su hermana. Hace meses que no nos vemos. De hecho no sé en qué ciudad vive.
Allí bailé prácticamente descontrolada, feliz. Es fácil olvidar mientras la música se te cuela no sólo por los oídos, sino por cualquier poro dejándote sorda, muda y estúpida.
Me apetecía estar con él. El grupo lo componíamos más de doce personas pero yo iba sola. Más lejos aún.
Sigo a la espera.
30/05/2004 21:40 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Haré lo que se pueda

Hoy toca divertirse.
Enseñaré piernas y a ver qué pasa.
28/05/2004 21:04 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Aprendiendo a hacer yoga, yo sola

Mente en blanco.
En blanco.
La mente, déjala en blanco.
Ahora: piensa en que la tienes que dejar en blanco.
No pienses. Cierra los ojos y concéntrate en el silencio.

Es difícil.

Novedades desde el extrarradio

A sólo unas horas de enfrentarme de nuevo a mí, tras un semana deambulando desde fuera y dejando pasar el tiempo, hoy me entran ganas. Ganas de muchas cosas.
Después de pasarme los días (los meses, los años) esperando, hace dos días recibí una oferta de trabajo (creo bastante buena). Tengo que dejar en la oficina unos papeles para que indaguen en mi pasado y, al final, elegirme entre los que también crean que esto es una buena opción. Quizás tenga suerte porque lo que piden parece calcado de mi curriculum, pero hay que esperar a ver los resultados. Supongo que compartiré opciones con mucha más gente.
Creo que esto sería mi réveil tan codiciado (y llegado de tan improviso). Pero no me haré ilusiones, ya lo he dicho, hay que esperar a ver qué pasa.
Con suerte, dsd, podría echar a volar, aunque sea un vuelo corto o bajo, pero volaría.

There's no place like home

dorothy.jpgHoy me siento como Dorothy. De hecho hace días que estoy así. De pronto parece que todo lo que conozco se marea, todo queda revuelto y se tardan horas o días en ir recolocándolo todo y recolocándonos nosotros. Pero evito tener miedo. Sé que no consiste en decir las palabras mágicas y golpear los zapatitos. Es algo más y tener paciencia.Y todo volverá a la normalidad.
Como en casa en ningún sitio, como en casa en ningún sitio, como en casa en ningún sitio...
mis zapatos...

Escucha...

cat.jpg-¿Querría indicarme qué camino debo tomar para salir de aquí?.
-Eso depende en gran medida del lugar a donde quiera ir -respondió el gato.
-No me importa mayormente el lugar...-dijo Alicia.
-En ese caso poco importa el camino -declaró el gato.
-...con tal de llegar a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación.
-Oh! -dijo el gato- Puede usted estar segura de llegar si camina durante un tiempo lo suficientemente largo.


Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll)

... y aplícate el cuento

tiffanys.jpgHabiendo decidido dejar de molestarme por las actitudes de unos y de otros:
Es cierto que me preocupo más que los demás porque las cosas salgan bien. No busco que lo tengan en cuenta, pero menos que se excusen en que yo lo hago para no hacerlo ellos. Me voy a obligar a respetarme a mí misma más. Me voy a obligar a tener algo más que hacer, al igual que el resto. Me voy a obligar a no tener que aguantar más los desaires que me otorgan desde sus puestos privilegiados.
Hace unos días me propuse cambiar. Alguien me dijo que el paso inicial y primordial es ese: querer hacerlo. Lo conseguiré.
Mientras tanto... mente en blanco... tranquilidad... salgo a tomar el aire...
(No lo olvides: Tú vales mucho...)
05/05/2004 21:24 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Señas de identidad

O del problema de autenticidad.
Comentando diversas afirmaciones filosóficas, tratamos una que me hizo evaporarme de la conversación como el humo de una colilla olvidada en el fondo del cenicero: ¿cuándo somos nosotros? ¿cuándo somos más nosotros mismos? Vivimos inmersos en autorizados juegos de roles: profesor-alumna-madre-hijo-vendedor-médico-hermana-juez (juez!)-asesino (asesino!). Prácticamente al más puro estilo del show de Truman excepto por la verdadera irrealidad de su vida. Representamos papeles en el circo del día a día continuamente, a todas horas: no desesperemos, bajo esta regla de tres podemos ser lo que queramos?: ¿dónde están nuestras limitaciones? Y, lo más importante: ¿dejamos de interpretar alguna vez? ¿quién es realmente auténtico? Llegaron (que yo no) a la conclusión de que es auténtico quien asume su papel –sus papeles-. Yo siempre pensé que todos tenemos algo de irreal cuando dialogamos y nos sumergimos entre los demás, socialmente hablando. Todos pulimos una faceta frente al público: nos “idealizamos”; nos dejamos ver, siempre intentando que sea con buena cara. Pensé que sólo a solas, cada uno, era su propio yo. El verdadero y auténtico. Ahora deberían asaltarme dudas, porque viéndolo como ellos (el resto)... qué pasa que ¿solos no somos nada porque no actuamos? ¿qué papel es el nuestro cuando no hay público? ¿qué soy: alumna-amiga-vecina-hija-compañera... si estoy yo sola aquí? Soy yo (como todos). ¿Eso es poca identidad? Pues es la única respuesta plausible que se me ocurre.

Planes de última hora

azul.jpgMe cuesta decidirme, pero cuando lo hago acaba siendo por algo pensado en los últimos diez segundos. Mucho marear la perdiz y acabo decidiéndome por cualquier cosa en el último momento.
Mis cambios de opinión son por todos conocidos. Es inevitable y divertido, aunque sólo para mí, para el resto son puras maldiciones. Nunca acaban por acostumbrarse.
He decidido cortarme el pelo. Yo. De cualquier forma, ahora, cuando acabe el post. Un cambio de look no me vendría mal. Así me imaginaré que soy otra persona, o yo misma pero sin mis problemas de ahora.
Voy a cambiar el armario (lo suyo sería que fuera de cabo a rabo), pero eso sería un acto fatídico para mi economía. Lo haré por capítulos. Llevo un par de ellos, el tercero saldrá el lunes o el martes, que me quedaré en la ciudad y aprovecharé el dinero que le extirpé a la cuenta del banco. Debería ahorrar, pero me lo merezco.
Voy a pintarme las uñas de los pies. Después de cortarme el pelo. De un color llamativo. Así los veré felices y veraniegos, dispuestos a salir por ahi de fiesta. Esta noche sandalias con tacón de aguja.
Y risas, música tan alta que deje de oírla, bebidas de colores, perfumes, voces, humos, ...

Desacuerdos

audrey en bicicleta.jpgAyer no sólo llovía, hacía aire, demasiado. Yo volaba, soy volátil, casi como las hojas del parque. No odio la lluvia, odio mojarme. Enseguida el frío se cuela entre mi ropa y me resfrío.
Hoy hace calor, mucho calor. Sólo se debería salir a la calle en ropa interior. Ólvidate del abrigo de ayer: hoy broncéate.
Toda la semana sin estar en casa. Allí están todos. Yo fuera, a más de 20 kilómetros de distancia. Pensando en las comidas en familia del fin de semana. Hoy me quedo sola, también. A pesar de ser fin de semana y que durante la semana la casa está llena, hoy se queda vacía. Hoy que estoy yo. De nuevo me quedo sola.
Saldría fuera, a pasear en bicicleta. El caso es que no tengo bicicleta. Pero hace buen tiempo, debería aprovechar.
Me asomaré y me haré unos kilómetros en bicicleta mentales. Tengo tiempo, subiré a la montaña, hoy no hace frío.
O no, mejor. Me quedaré en casa, en el sofá, viendo una película en maravilloso blanco y negro.
O no, me iré a tomar el sol, hoy puedo. A tomar el sol a la terraza, con el gato. Tomaré algún refresco y aperitivos. sí, me prepararé algo.
O no, pasearé, tomaré el sol, hablaré con mi gato, comeré, tomaré un refresco, veré la película en blanco y negro... Sí. Todo.
Mi propósito hoy: no pensar. Relajación, en cierta medida... extrema. Lo conseguiré.

Así es

No hay nada que más odie que perder el juicio. Perder un juicio. Cualquier juicio.
Al menos, hoy, he ganado el mío.
Unas vacaciones ahora no me vendrían nada mal. El problema es que el trabajo no llega a atrasarse pero se acumula con demasiada facilidad. Sin embargo, hoy me han dado un empujoncito: mi incapacidad se está revolviendo y, con suerte, cambia de cara.
02/04/2004 19:05 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Divagaciones en el camino de vuelta a casa

Es lo que tiene no tener tiempo.
Ya lo sabía yo.
Ya me lo dijeron, además.
Pero tengo que hacerlo.
Como sea.
Es mejor.

Hago varias cosas a la vez, con tal de no pararme. De tener tiempo.
Luego, sin embargo, no veo la hora de llegar a casa y dormir. Relajarme siete horas, al menos, y volver a salir temprano para dos sitios a la vez por las mañanas y otro más por las tardes. No sé cómo me convierto cada mañana para ir a dos partes tremendamente opuestas en la ciudad: pero me sale, hasta ahora.
No sé cuanto tiempo duraré así.

Yo tenía un blog

lutoflag.gifEstos días fueron una auténtica y complicada vorágine. Todos sabemos por qué. A las horas que he pasado frente al televisor mirando e intentando encontrarle un sentido a todo (que no hallé) he de sumar las horas leyendo periódicos e investigando otros diarios internacionales vía internet. Tampoco es que me haya quedado algo claro.
En general, dos motivos: Informarme realmente de lo que estaba pasando (Historia en directo) y meterme datos en la cabeza para saber de qué estamos hablando.

Este post escapa a la... llamémosle política que suelo llevar al escribir en mi blog que, por otra parte, acabo de recordar que tenía.
Perdón a mis, ya de por sí, escasísimos lectores. Pero no he parado estas últimas semanas y acabo de frenar hoy: no porque me saliera de la carretera (que casi también) sino porque necesitaba más carburante ya. Gracias y hasta pronto.

PD 1: Prometo responder.
PD 2: Mañana por la tarde, nueva manifestación para la Paz y retirada de tropas de Irak. ¿Alguien se apunta?

Ojo por ojo

La solución a un problema está cerca cuando eres consciente de que tienes un problema y quieres salir de él o acabar con él. En mi caso lo dudo. Incluso llego a dudar que sea un problema, es más bien una actitud. No miro a los ojos. Casi nunca. Hace un año, el joven x me dijo jamás me miras a los ojos, ¿eso le haces a los demás? Y vacilé... ¿no miro a los ojos?... No. Desde entonces, cuando me acuerdo, intento poner remedio, pero soy incapaz de aguantar una mirada, todas hieren, me atraviesan como metales ardientes (o helados, no sé qué es peor).

Y recibí noticias tuyas

audrey.jpgMe aventajé de los demás al doblar la esquina. Alguna se molestó porque, con mis prisas, le dejé caer el bolso del hombro y tuvo que recogérselo. Yo ya no la veía, iba a casi una acera delante de distancia. Me crucé con dos compañeros antiguos de clase pero tenía prisa y no me paré a saludarlos. Ya los llamaré luego pensé. Igual podíamos quedar a tomar algo el jueves, quizás el viernes. Los echaba de menos. Pero ahora tenía prisa, de modo que ni siquiera vi aquel coche bajar como una bala de fusil la avenida. Sabía que llegaba tarde: me cerraban la relojería y llevaba tres semanas sin saber qué hora era. El semáforo se abría para los peatones y pensé en cruzar rápido, me daba tiempo, sólo una carrera. Veo el escaparate aún la tienda está abierta... y aquel coche rojo, corto, rápido... y saco un pie de la acera e intento abrirme paso entre las rayas de la cebra... y tres cosas: un caniche que comienza a ladrarme, esa música en el móvil tan inusual y el coche que no frena tras el cambio de prioridad en el semáforo y acelera y toca el claxon infinito y no me da tiempo a cruzar, a pesar de mi prisa. Me ladró el perro y me extrañó aquella llamada. Noticias al fin. Y me paré a hablar en aquel fragmento de acera. Yo también me alegro de hablar contigo, no esperaba tu llamada, ¿vienes en dos semanas?, ¿con tu novio?, es genial, te echaba en falta; sí, ya hace dos meses que no nos vemos; ¿qué?, me alegro, tienes suerte; y, ¿cómo lo has convencido para venir?, estás loca, sí, gracias por llamarme; ¿recibiste las fotos de Navidad?, sí las de la fiesta, oye... tenemos que preparar algo cuando vuelvas, buscamos algo; vale. Un beso. Hasta pronto.

Dejaré el reloj para otro día. Han cerrado. Pero aún me salta el corazón de tener el coche tan cerca. Creo que no volveré a tener prisa. Saldré antes para poder llegar con tiempo.

La cosa va de pedazos

Y de futuros ilógicos. De cuentos que no son para niños y de relojes que no acaban de dar la hora. De cursos de meditación para los que no dejan de pensar y velocidades en moto sin mensajes subliminales.
Hay insectos que pican y carnets cumplidos sobre la mesa. Hoy no me apetece ir a renovar nada. Ni encender la luz, ni buscar migajas, ni abrir el grifo.
La cosa va de indecentes días que pasan rápido y cunden poco: como tú.

Aclarándome la garganta

Para hablar bien sólo hace falta pensar antes lo que quiero decir.
No importa si tardo en contestar, es buena señal.

Numerando

audrey.jpgLa semana pasada regresé al edificio sin número de la plaza. Entré, subí 87 escalones y me senté frente a la habitación número nueve. Recordé tres años antes, dentro, junto a 29 personas más, escuchando a una mujer contándonos la vida en 1536. Yo llevaba escondida tu primera carta entre tres cuadernos verdes. Tu primera carta de tu viaje de ocho meses por un lugar a cuatro países de aquí.
Eran las cinco y media de la tarde y me hablabas de felicidad mientras yo sentía tristeza y me perdía entre las rayas del jersey del de delante, que no logré contar.

Fantástico

Me alegro que se ponga de moda alguna idea interesante y renovada.
Es algo que pensé hacer con mi vida hace años y ahora empieza a tener forma.

Locuras

Ayer pensé en llamarlo. Lo evité dejando de pensar en él, pero después soñé con él. Aunque no quiera, ahí aparece.
Hoy hemos hablado y quedado para el viernes. Nunca le he dicho que salgamos juntos. Hoy, cuando me lo ha propuesto, apenas le he dejado terminar la frase. No sé qué pensará, temo que no sea como antes. Sé que ha estado con una chica en estos meses. Y ¿yo qué hago? Yo le evito pero le necesito.
06/01/2004 21:01 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Casi sí, casi no

Casi entristezco. Tengo que luchar contra mí para evitarlo. O simplemente no pensarlo.
Hablo con el escritor. Él es feliz, a pesar de pensar lo contrario. Lo envidio y me apetecería compartir con él esa felicidad. Luego no me atrevo. No doy pasos. Tengo miedo a que no salga bien.
06/01/2004 21:03 Enlace permanente. Tema: Mi vida, de película... No hay comentarios. Comentar.

Mis gafas

Hay quien cree que me hago la interesante porque siempre llevo gafas de sol.
Lo hago porque me molesta la claridad, incluso la luz de un día nublado; y porque con ellas voy más cómoda, puedo cerrar los ojos en el bus, puedo mirar donde no debo mientras voy paseando y puedo poner miraditas tiernas a cierto alguien y que se las imagine. Aunque, básicamente, las llevo siempre porque están graduadas, pero esto último sí es un secreto: de belleza u oftalmología, elíjase lo que corresponda.

Otro día igual

Hoy será un día de esos que pasan desapercibidos, a engrosar la lista de días vividos.
Todo ha sido un barullo mastodóntico de ruidos, gritos, farsas, cucharetazos y risas inverosímiles e histriónicas. Me giré y pedí un analgésico. Decidí no errar, no abrir la boca (quiero solucionar mis propios problemas) e intentar parecer no aparecida por allí. Pero estaba y erré, abrí la boca. No había analgésicos. Acabé confesando:
-Anoche no dormí. Estaba molesta, volví a sentirme engañada o insultada. Depende del minuto. ¿Qué hago?
-Déjalo.
Decidido. Es lo que yo pensaba. Nada como escuchar lo que quieres oír.

Me parece que...

imini01.jpgDesayuno sin diamantes y sin nada. En realidad, no desayuno nunca.


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